Ámsterdam

Amsterdam

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Hoy hablaré de uno de esos viajes que decides al coger una bola del mundo y la haces girar con los ojos cerrados a la vez que con el dedo índice tocas un país.

No fue exactamente así pero casi, Ámsterdam nunca fue una ciudad que quisiera visitar por nada en especial, pero por motivos que no vienen al caso organicé con 3-4 días de antelación un viaje a esta ciudad. Fue otra escapada de viernes a domingo, bastante bien aprovechados por cierto, pues de viernes salí muy temprano y el domingo volví bastante tarde.

Tras el vuelo y ya en el aeropuerto tomé el tren en dirección a la capital. Al salir de la estación me sorprendió el paisaje, bastante animado, tranvías, bicis, edificios bastante recargados, etc. Al no tener datos en el móvil todo lo que tenía como guía era un planing con mapas que me había hecho días antes, en principio suficiente, pero una vez allí me di cuenta que las calles del casco antiguo de Ámsterdam son j*did*mente confusas, iguales y curvas, por lo que orientarse a veces se hace complicado.

Finalmente conseguí llegar al hotel, un hotel por cierto, de los más peculiares en los que he estado… Era una casa de 5 plantas con las escaleras más empinadas que he vista en mi vida y con una recepción que debía picar a un timbre para que se abriesen (estilo a una joyería).

Al ser el primer día tocaba hacerse un poco con la zona, callejee un buen rato hasta llegar a un mercadillo, donde compré dos postales antiguas de Ámsterdam. Probé una de las comidas típicas de allí (patatas con mayonesa (¿?)), visité la iglesia del oeste (Westkerk), la casa de Anna Frank, la plaza Dam, el CC Magna plaza, bloomen markt, todo lo típico de esa zona, vamos.

El día siguiente era sábado y tocaba día de mecadillos. Antes de nada desayuné en el hotel, estilo buffet.

Ese día en lugar de bajar por el casco antiguo pasé por la zona del Rijksmuseum y el famoso cartel de I Amsterdam, donde provisionalmente habían ubicado una pista de patinaje. Continué rodeando los canales hasta llegar a mi destino: Albert Cuypmarkt. Un mercadillo bastante variado, comida, ropa, chorradas varias, etc. Era grandecito y fácil de ver al ser una única calle.

Luego, iba a otro mercadillo llamado Dappermarkt. Éste estaba un poco más centrado en la comida, y había mucha más gente. Tenía forma de cruz y enlazaba con los comercios habituales de esas calles. En éste me di el capricho de comprarle a una tendera un buen trozo (1/4 aprox) de Old Amsterdam, un queso que me encanta. Bastante bien de precio en comparación con los que se suele pagar por él en España, y seguro que mucho más artesano.

Tocaba bajar por otra zona del casco antiguo y los hice por donde el Zoo, pues pillaba de camino. Como apretaba el frío entré a una cafetería a tomar un capuccino. Por cierto, no se si os dio la misma sensación que a mí pero el café en Amsterdam es CARÍSIMO. Fijaos si apretaba el frío que hasta los tranvías iban abrigados:

Para comer fui a un pub donde había tomado café el día antes y me había gustado mucho. Como realmente no sabía mucho de Ámsterdam le pregunté a la camarera sobre la comida típica de allí y me recomendó una especie de croquetas (pues vale…), pedí una sopa de tomate (BUENÍSIMA), las croquetas que ni fú ni fá, otra especie de croquetas que se mojaban en salsas y para beber una pinta. Estuvo bastante bien la comida y no fue especialmente cara.

Di varias vueltas hasta que fué la hora de cenar, buscando buscando y dado que no tenía mucha hambre comí un Frankfurt típico de un puesto callejero. Después volví a la zona del Rijksmuseum para una de las cosas que tenía pendientes, patinar en una pista de hielo. El precio no lo recuerdo pero sí que recuerdo que era tiempo ilimitado. La única pena es que no hacía muy buen clima y a ratos llovía, pero qué más da, total, patinando sobre hielo, con una temperatura inferior a 0º y a 5 minutos del hotel…

El domingo madrugué para ir al Van Gogh Museum mientras dejé el equipaje en la consigna del hotel. El museo está realmente bien, no soy un apasionado de la pintura, ni de Van Gogh en concreto, pero nunca había estado en un museo centrado en un único autor y la verdad es que te da un punto de vista diferente respecto a otros museos donde hay muchas obras mezcladas.

Profundizas mucho más en la vida del autor, en las distintas etapas y por supuesto, tienes muchas más obras suyas que en cualquier otro sitio. Personalmente me conmovió mucho su vida, lo pasó bastante mal para terminar de la peor de las maneras.

Al salir vi por sorpresa que habían montado un mercadillo por toda la zona del Rijksmuseum así que quedé por allí hasta la hora de comer. Comí pizza de un puesto que las hacían allí mismo y luego fu por el Voldenpark.

El día iba tocando a su fin por lo que me despedí de Ámsterdam y puse rumbo a casa.

 

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