Santi en Japón | Día 4 #TokyoTower Tsukiji y más

Santi en Japón | Día 4 #TokyoTower Tsukiji y más

Bueno, es el  4º día. Habitualmente, salvo que se tenga que ir fuera (Kyoto o Nikko) que son días de madrugón 100%, pongo el despertador temprano, a eso de las 7:30. Es lo mejor para aprovechar el día, que estoy en Japón c*jon*es!!

Me pongo en marcha sin desayunar aún en dirección a la torre de Tokyo, me habían recomendado no ver primero el SkyTree porque después me sabría a poco, pero sinceramente… casi hasta lo disfruté más. No hay que confundir, son cosas totalmente diferentes y cada una con su encanto personal, no son ‘sólo’ torres…

 


Al llegar resulta que también tiene comercios en el piso inferior, estos japoneses se las saben todas… decidí dejar las compras para después y primero subir a la torre. Fui al primer piso, las vistas lógicamente son relativamente cercanas al suelo, pero está bien porque ofrece una buena panorámica de la ciudad pero sin renunciar a ver cosas ‘de cerca’. Al rato subí al segundo mirador, es un poco más coñazo que en el SkyTree porque solo hay uno y va un poco lento, pero bueno. Arriba muy bien también, nada que destacar.

Volviendo al 1er piso creo recordar que eran sobre las 10 y pico, y aún estaba sin desayunar por lo que aprovechando la cafetería de la torre, pese a ser un poco cara… pedí un cafés y junto con un dorayaki relleneno como de mermelada de mora o algo similar, estaba bien, sin más, no soy muy fan de este tipo de cosas. Lo que si me ‘molestó’ es que no tuvieran leche, sólo estos cutre-dedales individuales de sucedáneo que tienes que verter 500 para que cambie el color del café… cosas mías 😛

Al bajar hice alguna compra, otro purikura (xD) y fui hacia del Zojo-ji, un templo cercano. Me gustó mucho más de lo que pensaba, fue una lástima no disponer de más tiempo invertir allí. Constaba de un par de edificios grandes, rodeado de algún minitemplo, jardín y figuras con molinillos, me encantaron! Además es algo que fotográficamente hablando es super agradecido, cualquier foto sale bien ahí.

De ahí di un paseo (un tramo en metro) para ir a Tsukiji, yo iba muy preocupado porque pasaba tarde (motivo por el que no me detuve más en el Zojo-ji) y temía que cerrara… pero afortunadamente llegué bien. Imaginaba otra cosa, aluciné bastante con la ENORME cantidad de gente, los numerosos puestos de sushi, artesanía y recuerdos y en general con lo caótico que parecía todo. Yo tenía un capricho muy grande en particular con la lonja y por eso no quería perdermerlo, y esto era comprarme un cuchillo artesano. Soy así de monger, que queréis. Total, que encima ese día iba jussssstísimo de dinero (creo que me quedaban 10.500y para todo) y claro, llego y empiezo a ver los precios de los cuchillos… 20.000, 15.000… el más barato 11.000… busco otro puesto… el más barato 10.000… me desespero, empiezo a hacer números. Al final encuentro otro sitio, más escondido, con precios más aceptables (más tarde descubriría otro sitio aún más escondido y barato pero yo ya había hecho el gasto D: ), tras mucho mirar compré uno de nosequé (que más da, si es para adorno) por unos 7.000 Y, el hombre muy amable me explicaba que siempre después de utilizarlo lo secara para que no se oxidase y me entregó un paño junto con la cajita del cuchillo, ese día mi cartera no daba para más pero yo ya estaba contento. Tras esto, tocaba comer, claro, con poco más de 2.000 Y y rodeado de restaurantes con menús carillos. Finalmente había una amable señora con un puesto de oniguiris y bandejitas de sushi que nos solucionó la papeleta por un precio irrisorio, de las bebidas se ocuparon nuestras buenas amigas las vending machines.

El resto del día no tenía un plan cerrado del todo, por lo que comencé a caminar dirección Ginza, pasando por el teatro de kabuki (mucho más guapo el de Kyoto por cierto) y varios comercios. La zona de Ginza bajo mi punto de vista ni fu ni fa, área de consumismo, con ciertas marcas y algunos edicios de corte más bien europeo.

Seguí de largo para llegar al palacio imperial (me da rabia que por este camino me perdí el edificio de Sony!). Al llegar a la zona la primera idea que me vino a la mente fue que era una zona estupenda para salir a hacer running. Dando un rodeo por el foso lleno de agua accedí al parque por una gran puerta de madera, ingenuo de mí, pensaba que el castillo estaría ahí y a la vista, pero no, me vi inmerso en un espacio verde bastante abierto con un puente lleno de vallas custodiado por dos guardias y una esquinita donde se amontonaban algunas decenas de personas. Me acerqué a la ‘esquinita’. Resulta que desde ahí es lo más cerca que puedes hacerte una fotos con una de las torres de vigilancia del palacio imperial, ni tan siquiera con el palacio!! Flipa en colorines amigo. Bueno, como soy tan tonto como el resto de la gente me hice la foto en la esquinita : )

Caminé dirección norte bordeando el foso haciendo alguna que otra foto hasta que llegué a un sitio mágico: la primera zona de cerezos cien por cien florecidos que encontramosé! Hay que recordar que estamos a 12 o 13 de Abril, por lo que estaba en la recta más que final del Hanami de este 2015. Hice como 80 millones de fotos, muchas parecidas… que luego para escoger las que te quedas y las que no es una risa : )

Seguí bordeando y ‘descubrí’ que el palacio tiene un jardín que se puede visitar (creo recordar que además es gratuito), por desgracia, como no conocía este dato, la hora de cierre era a las 16:00 y precisamente eran las 16:00 por lo que se queda en la lista de pendientes para futuros viajes.

Continué hasta la siguiente parada, el templo que hay al norte del palacio y si no he leído mal, es donde acude el emperador una vez al año. No es impresionante pero el paseo hasta llegar a él está bien con un toriis gigantes hechos de distintos materiales.

Para ir terminando el día fuí a un barrio llamado Kagurazaka sobre el que leí y me había parecido que podía merecer la pena… tiene bastante cosillas aunque no me pareció muy turístico, porque los dependientes no saludaban a los extranjeros ni me daban flyers : ) , iba a cenar por la zona pero quedé un poco desencantado con el trato generalizado y volví para Shinjuku.

Como era pronto debido al fail con la zona decidí dedicar lo que quedaba del día a callejear por Shinjuku y hacer algo que tenía pendiente: karaoke!! Lo pongo con exclamaciones pero realmente me da un poco igual jaja. Por recomendación de @JapanTravellers fui a la cadena Pasela Resort, y la verdad es que muy bien. Reservé una sala por un par de horas y pedí para comer un honeytoast con plátano. Esta comida (postre?) es algo que se ha puesto muy de moda en los últimos tiempos en los karaokes de Japón, es como una especie de bizcocho ligero con forma de pan de molde recubierto con distintos ingredientes según la variedad que se pida, nata, helado, plátanos, fresas, miel, chocolate… lo que se quiera. La forma de comerla es ‘rara’ cortando con el cuchillo y cogiendo con los palillos, como eso no es para mi y a veces me jacto de ser de pueblo términé comiéndolo con las manos, fácil, cómodo y práctico. Así me estoy volviendo con el paso de los años, práctico.



Para utilizar el karaoke había un mando donde introducías el número de canción a partir de un megalibro de canciones, o bien una tablet (android) donde podías realizar búsquedas por cantante, canción, estilo musical, etc. ¿Problema? Que estaba en japonés. Llamé por el telefonillo y al rato vino un chico, muy majo por cierto. Intentó ayudarme por todos los medios pero el punto clave fue cuando me preguntó si sabía leer japonés, pues no majo lo siento mucho, pídeme español, francés, inglés, catalán o alemán pero japonés… no. Entonces me explicó que la tablet tenía ‘2 modos’ uno con teclado japonés y otro con teclado romanji, el problema es que con el teclado romanji sólo se podían buscar canciones extranjeras, oooooh FAILED AT FAIL. Intenté poner cosas random con el teclado japonés pero no salía nothing de nothing por lo que terminé en inglés cantando Madonna, Eminem, blink182, Green Day… tócate los huevos, ir a Japón a un karaoke y cantar esto, pero bueno, es lo que hay.

Aún así fue una experiencia única que disfruté, y además de la que me bajaba las escaleras para volver hacia el hotel vi un bar muy especial:

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