Relato XXXIII (ensayo I)

Todos tenemos ideas preconcebidas. Sobre el amor, las personas, las relaciones, la vida misma. En gran parte debido a nuestra niñez, crecemos con cuentos de hadas muy poco (o nada) realistas que nos hacen soñar con utopías irreales entremezcladas con distopias de sueños frustrados y vivencias personales.

Con el pasar de la vida y por tanto del tiempo comenzamos a percibir cosas. No somos capaces de ver de donde provienen pero es innato en el ser humano, dotado de una relativa inteligencia y sensibilidad superior al resto de los seres. Siempre hemos leído que únicamente utilizamos el diez por ciento de nuestra capacidad cerebral tras miles de años de evolución, ¿y el noventa por ciento restante? Ese porcentaje corresponde a esa frase tan manida que en ocasiones utilizamos: ‘tengo un sexto sentido’. El sexto sentido es el resto de nuestra capacidad cerebral que creemos no utilizar, es nuestra capacidad para desgranar cosas que no podemos ver, entender o discernir. Es nuestra capacidad emocional e instintiva que no siempre somos capaces de procesar y asimilar. Es por ello que en ocasiones el corazón nos dice una cosa y la cabeza otra, y siempre hacemos caso al corazón porque noventa es más que diez.

Candás II

Relato XXXIII

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *