Relato V

El agricultor esperaba con ansias la lluvia, pues sin ella las verduras no crecerían y no tendría que comer el año próximo. Rezaba y rezaba, día tras día, pero no caía ni una sola gota.

Un día, al cabo de varias semanas se puso de rodillas implorando al cielo y estuvo llorando toda la tarde.

Pasaban los meses y seguía sin llover, pero había un pequeño círculo que tímidamente mostraba algún brote. Días después ya eran más grandes.

El agricultor comprendió que esa zona donde ahora se abría paso la vida era el mismo lugar donde él había estado llorando una tarde entera, comprendió que la sequía no iba a solucionarse sola sino que tendría que crear el agua de sí mismo para poder comer y proseguir con su vida.

 

Relato V

A Coruña I

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