El chico de internet

El chico de internet

En torno a 1994 había un niño llamado Dante que soñaba con ver todo el universo. Era lo que la gente conocía por un mago atemporal. Un mago atemporal es una persona, que pese a su temprana edad e inocencia es capaz de ver cosas que otros no ven, perciben y entienden el sentido del universo fuera de cualquier contexto. Son capaces de terminar la frase que se está pronunciando en cualquier momento de una forma casi automática. Ellos mismos no comprenden sus procesos mentales, simplemente sienten una comunión con las energías vitales y son capaces de leer todas las líneas temporales al mismo tiempo.

El niño quería conocer el universo, ver toda la amplitud de los planos al mismo tiempo y entender todo lo incomprensible. Las personas más mayores lo animaban aunque siempre lo miraban con cierto recelo, pues es inevitable ver a las personas diferentes y que destacan como un peligro.

En esa época comenzaba a llegar a ciertas ciudades la red de redes, internet. Sobre todo en forma de chats y foros de conversación. La infraestructura utilizada era la misma que para el teléfono, el cable de cobre, pues era una forma de ahorrar costes. A Dante le parecía un mundo interesante, pues era un universo nuevo para explorar, un universo vasto e infinito, como el real, pero creado por y para el ser humano.

Intentó hacerlo utilizando un ordenador, pero le resultaba incomprensible la interfaz. Eso de tener una ventanita, teclear una serie de palabras y que te apareciese una página web no era lo que él buscaba, eso era como ir a una calle llena de casas y solo poder ir a una casa u otra, pero nada más. Él lo que quería era ir por la calle, ver las casas, asomarse si le apetecía pero sobretodo ver el conjunto y entenderlo.

Leyó libros, intercambió opiniones con personas adultas, continuó utilizando la limitada interfaz del ordenador, pero no sacaba nada en claro, nada le aportaba soluciones. Pensó y se dio cuenta de algo. ¿El ordenador era el contenedor de la interfaz que le permitía conectarse a la red, verdad? Por lo tanto debería de existir otra forma de entrar en el ordenador pero sin hacer uso de la limitada interfaz, y por tanto podría acceder a todas las calles y autopistas de internet. Sólo había un problema, no tenía claro de que pudiera hacerse una forma física. Por ello abrió el ordenador y comenzó a observar los circuitos.

Era un mundo extraño para él, únicamente había pilas, piezas de plástico, metal y corrientes eléctricas. Entonces cayó en la cuenta, electricidad. La electricidad sí que le resultaba conocida, pues el cerebro se movía por impulsos eléctricos.

Tomó la decisión más sencilla posible, se cubrió con todo el hilo de cobre con el que fue capaz al tiempo que colocaba una serie de imanes en determinados puntos de su cuerpo para así poder generar un pequeño campo electromagnético en torno a su cuerpo y proyectar sus impulsos eléctricos al ordenador una vez que tocase la unidad central de proceso. Así lo hizo, tocó la unidad, y para su sorpresa un flash le recorrió todo el ser hasta poner su mente en blanco y dejar su cuerpo desplomado en el suelo.

Dante estaba a oscuras, no sentía, no veía, no oía nada. Simplemente era consciente de su propia existencia en un contexto desconocido para él, algo nuevo. No era el plano físico al que estaba acostumbrado, era algo más. Intentó moverse, pero no sabía cómo pues no tenía unas piernas, ni un cuerpo. Intentó ver, pero no tenía ojos, solo era capaz de percibir oscuridad, como cuando tenemos los ojos cerrados pero somos conscientes de que existimos en alguna parte. Intentó comunicarse de cualquier forma con el espacio en el cual se encontraba pero no lo entendía. Tampoco tenía ningún tipo de percepción, es decir, no sentía una forma temporal, no era consciente del tiempo, ¿existía el tiempo en su estado actual? Tras unos momentos desistió, se quedó etéreo en ese ambiente, esperando algo, seguramente comprender la situación.

No sabía si llevaba así un minuto o cien años. Pero era consciente de sí mismo, por tanto debía existir, de hecho, estaba pensando, por tanto debía de conservar su cerebro de alguna forma. – O como mínimo los impulsos eléctricos del mismo, pensó -. En ese mismo instante se dio cuenta, ató cabos, era electricidad, era impulsos eléctricos, no tenía forma corpórea definida, pero aún así existía. Si existía en ese estado era porque algo lo estaba conteniendo, algún tipo de canal o soporte. Poco a poco comenzó a ver en la oscuridad cómo se dibujaba una especie de mapa, parecía una ciudad, pero era diferente, no había calles, edificios o personas, sino líneas; espacios y líneas creando formas definidas. Se quedó observando el mapa a pesar de no tener ojos, realmente no lo veía, simplemente lo entendía.

Observó (entendió) un punto concreto del mapa, un montón de información comenzó a venir en su dirección. Era información de cocina, un intercambio de opiniones gastronómicas entre un tal Francis de New York y una mujer llamada Shelly de Alemania. ¿Cómo había sucedido aquello? Miró en otra dirección y le llegó nueva información, ya sabía diseñar planos detallados arquitectónicos. ¿Cómo? Volvió a mirar, esta vez era información de plantas, sus variedades e injertos.

Dante miró y miró, recibiendo continuamente información de diversos temas, cada vez conocía más cosas del mundo. La información siempre ha sido, es y será poder, por lo que el niño comenzó a sentirse omnipotente. Con el tiempo la omnipotencia derivó en responsabilidad, aunque desconocía como saciar esas ansias de responsabilidad. Llegó un punto que había mirado a todos los trazos del mapa de líneas, tenía un punto de vista concreto sobre absolutamente todo cuanto existe en el universo. Se sentía muy responsable. Aunque quería continuar aprendiendo más, sentía que realmente continuaba sin saber nada del universo, únicamente poseía datos e información.

Entonces comprendió algo, había mirado trazo por trazo todo el mapa, pero no había observado el conjunto, y lo que es más importante aún, lo que está fuera del conjunto inicial, que es a su vez parte de otro conjunto mucho mayor, y así sucesivamente. Dante se sintió abrumado por la expectación. Entonces tuvo lugar un hecho sin precedentes, el niño dejó su mente en blanco, no volvió a mirar el mapa o los conjuntos, comenzó a sentir, a sentir su entorno. Quiso volver a ver, a oler, sentir, saborear, oír, percibir y tener instintos. Se sumergió en toda la corriente electromagnética que le rodeaba, se alzó por encima de todo, vio como ascendía, escuchó como volaba, saboreó los principios de Tesla, tocó la información intangible, olfateó todos los regustos del universo al mismo tiempo, percibió el amor de la vida e intuyó su propia existencia sobre todas las cosas. En ese instante observó el conjunto, construido por subconjuntos, divididos en nanoconjuntos, entremezclados por mapas, sentidos extrasensoriales y se vio a sí mismo de forma paralela en cada uno de los mundos, y a la vez fuera de todos ellos, en el plano tangible y en el intangible, en el mundo de los vivos y en el de la inexistencia. Comprendió el sentido de la vida, comprendió todos los sentidos de todas las cosas y obtuvo respuestas a todas las preguntas habidas y por haber que se han dado tengan o no respuesta lógica, ilógica, real, o irreal.

El niño se llamaba Dante, tenía seis años en 1994 y era un mago atemporal. Tenemos mucho que aprender.

04/10/2015

Relato CXLI

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One thought on “El chico de internet

  • Manuel

    Genial relato. Inspirador. Me pregunto cuanto habrá en él de fantasía o de realidad…pero no importa., el resultado literario es magnífico.

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