Santi en Japón | Día 15 #Nara y Fushimi Inari

Santi en Japón | Día 15 #Nara y Fushimi Inari

Los aires de regreso comienzan a soplar con fuerza, pues nos situamos en el decimoquinto día. Me tengo que pegar un madrugón para aprovechar el último día completo, no pasa nada, ¡un último esfuerzo! Bajo hasta la estación de Kyoto para tomar el tren que me llevará hasta Nara, antigua capital de Japón.

Es un trayecto relativamente tranquilo a excepción de unos españoles que iban en el vagón (no me extraña que tengamos fama de voceras junto con los italianos…). Al llegar a la estación comienzo a ver un montón de niños kawaii de primaria xD, y muchos otros estudiantes de instituto.

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La ruta era clara, subir por Sanjo Dori hasta Nara Koen. Sanjo Dori tiene un montón de tiendas, tanto de recuerdos como de ropa o comida, y llegados a un punto cruza con otra calle cubierta que tiene más de lo mismo (o incluso más).

Una vez en el parque accedí por unas escaleras justo al principio, a mano izquierda llegando al santuario Nanendo y Kofuku-ji. Esta zona es bastante ‘normalita’ después de 15 días por Japón, por lo que aligero el paso buscando mi destino final, el Todai-ji. Por el camino ya se van viendo ciervos, una de las principales atracciones turísticas, además de puestecitos donde venden galletas para los mismos a 150 Y. No os preocupéis, si no queréis darles galletas os robarán los papeles que llevéis encima y se los comerán (xD). Ya lo avisan los carteles, además de que pueden morder, cornear, etc.

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A medida que avanzo veo cada vez más colegiales, parece que todos vamos hacia el Todai-ji. Este templo, además de ser la construcción en madera más grande del mundo (como curiosidad, es un 33% más pequeño que el original) es famoso por albergar un buda de bronce de 16 metros.

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Tiene, además, una columna con un agujero del tamaño de la fosa nasal de la estatua, que si no recuerdo mal leí que, cuenta la leyenda si puedes pasar a través alcanzarás la iluminación (o algo así ?¿).

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Es un señor random, no soy yo.

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Mission accomplished. Es MUY estrecho, yo no entraba de hombros y la verdad, a día de hoy sigo sin comprender como pasé, me veía atascado y saliendo en todos los periódicos nacionales como el gaijin monguer que se queda atrapado en los templos.

Tras salir del templo tocaba dar de comer un rato a los ciervos que había por allí. Es gracioso porque se tiran encima de ti sin ningún tipo de miramiento. Había un montón de japonesas que al ver 3 o 4 corriendo hacia ellas les daba miedo, gritaban y tiraban las galletas en dirección opuesta hacia donde huían ellas xDD.

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Yo en cambio me hice amigo de uno de ellos 8)

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Volví por la parte de abajo hasta llegar a unos lagos y poner rumbo a la estación mientras comia un par de onigiris.

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Era mediodía y de vuelta a Kyoto había una parada bastante esperada, el Fushi Inari-taisha.

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Lo primero que me llamó la atención nada más bajar del tren es que el templo (y recorrido en general) está justamente delante, al otro lado de la calle. Era gracioso ver incluso a niñas pequeña con kimono.

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La zona de Fushimi Inari, es todo un paseo por la montaña llena de toriis que bien empresas o particulares han ido poniendo durante los años. Muchos seguramente lo recordéis por la famosa escena de Memorias de una Geisha. Un dato curioso que leí hace tiempo fue que el creador de la game boy venía por este paseo para inspirarse (las oficinas de Nintendo se encuentran muy cerca).

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Como comentaba, es un recorrido por la montaña bastante extenso si se quiere ver todo. Hablando en tiempo, entre subir hasta la cima y bajar se pueden echar perfectamente entre dos y tres horas si se va admirando el paisaje y tomando fotografías. En la cima hay un santuario donde puedes conocer tu fortuna. Un amigo (Álex) me comentó que era una experiencia visitarlo por la noche, en mi caso fue durante la tarde, ya lo visitaré al anochecer en otra ocasión, pues al ser una montaña no tiene horario de apertura o cierre. Algo que me llamó la atención fue la increíble humedad que había por la zona, llevaba una camiseta normal, de algodón que acabó completamente empapada, sobretodo por la espalda a causa de la mochila.

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Cabe decir que no todo son toriis, a la mitad del recorrido se obtienen unas maravillosas vistas de los alrededores.

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Resumiendo, es algo muy bonito de ver, durante el atardecer se puede observar la luz entre los toriis y hay distintos santuarios con tablillas y monjes que te escriben lo que quieras en un torii del tamaño que estés dispuesto a pagar. Vamos, un imprescindible de cualquier visita a Japón.

Para terminar el día pasé por el Nishiki Market una vez más para realizar las compras de última hora, como donuts con animales (muy útiles, sí) y tomar por última vez mi bebida favorita: el zumo de uva y aloe vera con trocitos flotantes.

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